Diana

 

Aunque emigró siendo adolescente y lleve más de diez años viviendo en Madrid, aunque tenga un círculo de amigos españoles y se sienta integrada y a gusto en su país de acogida, sus modales, su aspecto, su andar, su acento, todo significa a Diana como la pereirana que sigue siendo. No se trata, ni mucho menos, de una postura reivindicativa: es sencillamente algo natural en ella.

Diana Duque Gómez nació en Pereira en 1986, y en 2001 debido a la difícil situación laboral y económica que atravesaba Colombia, sus padres optaron por la emigración. Contrariamente a muchos otros casos, el primero en viajar fue el padre y a los tres meses lo hizo ella con su madre. Ocho meses más tarde viajaría también su hermano y así la familia reunida rehizo su vida en Madrid, la madre limpiando oficinas, el padre trabajando en la construcción y los niños estudiando.

Por entonces, Diana estaba en noveno grado y le iba bien. Sin embargo, el viaje y el proceso de adaptación le alteraron el ritmo de los estudios y le generaron desmotivación, por lo que en 4º de ESO abandonó el bachillerato y comenzó a trabajar “como una emigrante más”.

Durante varios años, Diana trabajó como reponedora y promotora en una empresa de frutas, hasta que un accidente laboral le cambió radicalmente la vida. Sufrió una grave fractura de cadera, la operaron, pero no quedó bien y está a la espera de volver a ser intervenida. “La empresa se portó bien conmigo” explica, “aunque cuando me dieron el alta médica, a los tres meses me despidieron. Quien se ha hecho cargo de todo mi tratamiento y de mi rehabilitación, hasta que esté bien del todo, es la empresa de seguros. Así que ahorita mismo estoy sin trabajo, a la espera de que me cure del todo“.

Estar en paro le permite ocuparse a tiempo completo de su pequeña Daniela, de cuatro años, nacida de su relación con Fernando, su marido, natural de Medellín y disc jockey profesional. “Fernando trabaja por las noches, así que a mi me toca quedarme los fines de semana en casa…“, bromea con una resignación impropia de sus 25 años. “Antes de conocer a Fernando tuve dos novios españoles, dos relaciones bastante largas y de las que guardo muy buen recuerdo“. Una sonrisa ilumina su rostro cuando agrega: “Pero al final con el único novio colombiano que tuve fue con el que me quedé“.

Diana es consciente de lo trascendental que resulta el fenómeno migratorio en la vida de las personas; sin embargo no cree que se le deba tener por motivo exclusivo, ni menos aún por pretexto de todas las cosas, positivas o negativas, que le pasan a uno en la vida. “Mis padres, por ejemplo, hace cuatro años que se separaron, él vive ahora en Cuenca y mi mamá en Madrid. Pero yo no creo que la emigración haya provocado su separación, no ha tenido nada que ver, fue una cuestión puramente personal, una cuestión de pareja“.

De Colombia extraña principalmente a sus dos primas más cercanas, Yojana y Ángela. “Es que más que primas son como hermanitas porque nos criamos juntas“. Y su expresión se torna melancólica. “Y mi abuelita Nory, claro que me jala mucho…“. Con la abuela habla regularmente por teléfono y con las primas casi todos los días por chat y Facebook.

Sueña con volver a Colombia, a donde no ha regresado ni una sola vez en estos diez años. “De hecho me gustaría muchísimo más criar a mi hijita en Colomiba que acá. Los hijos acá le faltan mucho el respeto a los mayores y eso ahí no se ve. Además en Colombia hay más espacio libre, todo es como más natural. Acá a toda hora los niños están en el edificio, encerrados… Si salen, salen al parque… y el parque está también encerrado dentro de los mismos edificios“.

Mientras conversa, Diana hamaca a la pequeña Daniela en los juegos del parque de su barrio, flanqueado por altos edificios de viviendas.

No es que estés del todo amañado aquí, es más bien que toca sobrellevarlo, porque la situación en Colombia no es nada fácil, y aquí, pues bien que mal puedes pagar un alquiler, se come, te queda pa’vestirte y salir un poco. Cuando una se ha habituado a la vida acá es muy difícil volver a adaptarse allá“.

Y es que otro rasgo claro en Diana -propio de tantas luchadoras pereiranas- es su pragmantismo y su sentido común.

About these ads

Los comentarios están cerrados.

  • 100 colombianos

  • 100 Latinos

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d bloggers like this: