La familia de Piedad
La dulzura y la sencillez brotan de forma espontánea en cada uno de los gestos y las palabras de esta mujer discretamente feliz. La sobrina de Piedad nació y vivió toda su vida en Pereira y ello, cree, contribuye a hacerla sentirse bien. “Tengo como un sentimiento de pertenencia, que es algo muy importante para mí. Yo sé que no es ningún mérito, pero no sé, ser de Pereira es algo que me enorgullece. No me gustaría ser de otro lugar”.
Aun así, Diana no se define a sí misma como la “típica mujer pereirana” y piensa que “no hay que fiarse de los tópicos, ya que en cada sitio hay de todo”. Para ella, lo principal es saber reconocer las cosas realmente importantes y valorarlas, así como no sobrevalorar las cosas futiles. “Las cosas esenciales de la vida son mi mayor fuente de riqueza, mejor dicho mi verdadera riqueza”, -afirma.
“Riqueza” es un vocablo que vuelve a menudo en la conversación de Diana. Aunque no se considera en absoluto una persona materialista, la vida le enseñó a conocer el valor del dinero y del esfuerzo que cuesta ganarlo. “Lógicamente, la situación económica, las dificultades, lo afectan a una y a veces una se estresa y se pone triste, y angustiada. Pero yo en todo momento procuro siempre tener conciencia de las cosas fundamentales que tengo, ver siempre más aquello que tengo que aquello que me falta”.
Porque para Diana, la verdadera riqueza reside en la salud, la alegría, y principalmente en el privilegio de tener vivos a sus padres y poder criar, educar y vivir junto a su hijo. “Mucha gente tiene a sus padres, pero es como si no estuvieran, no tienen relación con ellos. Otros ya no los tienen o los tienen en el extranjero y los extrañan. Con los hijos pasa igual. Y tener un hijo es algo muy grande, es una riqueza muy grande”, y afirma sin rodeos: “Soy muy rica”. “Y también por el hecho de vivir acá en Colombia”, –añade tras una pausa.
“Yo sé de personas que se han tenido que ir para otros países a buscar un futuro mejor, sé que no es nada fácil, que les ha tocado hacer muchas cosas. Y yo gracias a Dios estoy acá, y trabajo y estudio. Sin ir más lejos, aparte de Piedad, mi propia hermana también ha tenido que emigrar. Ella está en España ahora. Está bien, pero yo sé que nos extraña.”
Diana no es una persona tentada por lo desconocido, pero admite que le encantaría viajar, aunque solamente por conocer los lugares hermosos que ha visto en tantas fotografías. Sueña unos instantes, tal vez viéndose a sí misma en otras latitudes y sus grandes ojos castaños se pierden en una lejanía más allá de la ventana. Pronto, su distintiva sonrisa inunda su rostro, pero esta vez con una sombra de duda. “No sé… a veces pienso y me veo de viaje, y me digo, ay, qué susto, me da susto, no sé… tengo miedo de pronto a extrañar Colombia, Pereira…”
Está muy contenta porque sus padres van a viajar pronto a España. “Mi hermana por fin consiguió hacerles los papeles para la visita”. Pero confiesa estar también algo asustada pues nunca estuvo mucho tiempo separada de ellos. “Ni ellos de mí, pero bueno, hoy en día con las tecnologías pareciera como que el mundo está más cerca.”
Cada tanto Diana debe atender las llamadas que no cesan de llegar a su teléfono móvil y anotar en su agenda las citas dentistas de la tarde. Se ve que trabajo no le falta, y se ve también que su profesión le agrada. “Sobre todo el trato con la gente, y poder ayudar, prestar servicio”. Y con sencillez añade: “Es que acá somos muy amables, muy colaboradores”.
El hecho de amar tanto a su tierra no le impide ser crítica con ella y reconocer sus defectos y problemas, principalmente la delincuencia, la inseguridad y la inestabilidad económica que ha generado el flujo migratorio.
Con Piedad habla por teléfono cada quince días. Aunque preferiría tenerla cerca, Diana aprueba totalmente que su tía haya decidido emigrar. “Ella acá tenía su trabajo, su familia, pero quería algo mejor para ella y para los suyos. A veces tenemos que hacer sacrificios para que los seres queridos estén mejor, y por eso yo valoro mucho el coraje y la generosidad de Piedad”.
Y nuevamente vuelve el tema de la “riqueza”, aunque esta vez ligada a lo material. Su cara se torna seria cuando reconoce que las remesas han jugado un papel muy importante en la economía tanto de la región como de su familia. Lamenta que en un país como Colombia no esté mejor distribuida la riqueza. “Ello habría permitido a mucha gente quedarse acá”. Y al pensar en ello, pareciera que sus ojos ocultan una leve y lejana tristeza.

















