Carolina
Se expresa con la soltura y determinación que le otorga el tener las ideas claras. Posee la inquietud y el arrojo propios de sus veintiséis años, unidos al optimismo de quien debuta en la vida activa con el ferviente deseo de progresar, rechazando cualquier porvenir que no sea acorde a sus ambiciones y principios. Y es que Carolina Ballesteros Rivero, nacida en Pereira en 1985, es dueña de una inteligencia y un tesón destacables, una mujer “echada pa’lante” como dicen en su tierra.
En 2005, con veinte años cumplidos, dejó su ciudad natal para establecerse en Madrid donde gran parte de su familia -madre, hermanos, primos- ya llevaban radicados más de doce años. “Yo era la última pieza que quedaba allá…” –ríe.
Sus padres se habían separado y la madre había emigrado, dejando a Carolina al cuidado del padre, dueño de un taller de mecánica industrial y con buena posición económica. Posteriormente, sus hermanos también emigraron y Carolina viajó varias veces a Madrid, pero siempre de vacaciones, nunca con el propósito de instalarse.
“Cuando mi mamá se vino yo tenía doce años. Nos hablábamos por teléfono regularmente, pero la distancia y el tiempo hicieron que nuestra relación no fuese muy estrecha. A mi papá le tocó bastante ” jodido”, porque yo nunca fui una niña dócil, digamos que más bien fui un poquito rebelde”. Sus ojos ríen pícaramente antes de añadir con dulzura: “pero considero que hizo un buen trabajo conmigo”, y remata con una corta risilla.
Al cabo de un tiempo de emigrar su madre, surgió la reagrupación familiar, pero Carolina era muy reacia, no quería separarse de su padre y amigos. “Me decían que aquí tendría más oportunidades, pero en realidad se trataba más de la necesidad de mi madre de volver a reunir a la familia”. Tras muchos tira y aflojas, la presión materna pudo más. “Me dijo «o te vienes para España, o te vienes para España ». Cuando te dejan tantas opciones -ironiza, ¿uno qué dice…? pues me voy”.
Aún hoy extraña mucho a su padre y sabe que él también la extraña a ella. “Pero el hombre es un animal de costumbre -observa con convicción, uno se adapta y finalmente aprende a vivir sin las personas que uno quiere. Venir a pasear era muy rico, venir a vivir es otra cosa…” -recuerda.
Pero es consciente de que casos como el suyo hay muchos: “es unos de los problemas que tiene gran parte de los inmigrantes, no solo los colombianos, que se van y dejan a los niños pequeños y cuando los traen ya son personas adultas, con sus propios criterios, y es bastante complicado volver a tener una convivencia, volver a ganarse ese respeto y ese amor familiar que de alguna manera se ha perdido por la distancia y por los años…”. Su carácter naturalmente alegre parece ensombrecerse unos instantes antes de añadir: “Hay veces que se logra; otras no”.
En Madrid comenzó a estudiar, se apuntó a diversos cursos y poco a poco fue conociendo gente y valorando su nuevo entorno. Hoy está muy contenta, todo le parece muy bonito, está perfectamente adaptada, se mueve en distintos círculos sociales y no le faltan amigos. “Que me quiero ir de «marcha», me voy con los españoles; si es de «rumba», llamo a los colombianos”. De Pereira a veces extraña la calma, y sin embargo de Madrid lo que le gusta la agitación. Considera que las culturas y costumbres de ambos países tienen más parecidos que diferencias.
Trabaja de camarera en un restaurante colombiano y está haciendo una formación profesional de integración social orientada a mejorar la calidad de vida de todo tipo de colectivos necesitados: discapacitados, inmigrantes sin recursos, personas sin hogar, etcétera.
Respecto a su porvenir inmediato sólo parece tener claro que, a pesar de la crisis y la dificultades, a ella le va a ir bien en la vida. Si las posibilidades se prestan se quedará aquí, si no, se irá a Suiza, a Holanda, a Alemania… “El mundo es muy grande y me gustaría conocer más cosas”.
Sus observaciones agudas, su capacidad de escucha y su carácter analítico hacen de Carolina una persona avezada y capaz que sin duda logrará lo que se proponga en la vida. Su aparentemente inquebrantable optimismo le hará más llevadero el camino.


















